martes, 19 de octubre de 2010

SIN ABORDAR

El segundero del reloj atravesó los cuatro cardinales infinidad de veces sin darme cuenta, mi tiempo se termino.
El tren paso por mi estación sin detenerse para mi aborde, lo vi, yo parado frente a las vías con dos maletas a mi costado, me golpeo el viento que dejo la estela de su paso y el vapor de su chimenea, pero se fue de largo sin detenerse, no se detuvo, la mirada sorprendida, luego de cinco avances del segundero me di cuenta que eso ralamente pasaba, que se iba sin mi, miraba las ventanillas del tren donde se podía ver lo que tanto decie. Hay cosas que no son para mi.
Ni modo perdí mi tren y no hay otro al mismo destino.